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Exposición de Luisiana, 1904, Saint Louis (Missouri,EE.UU.)

 Exposición de Luisiana

Vista de la exposición

En el año 1904 se organizó en Saint Louis (Missouri), una exposición universal para conmemorar el centenario de la compraventa de Luisiana. La muestra, con un coste de 20 millones de dólares, atrajo a casi 20 millones de personas y logró un beneficio de 25 millones de dólares. Tras las dos primeras ediciones universales, Pierre de Coubertain tuvo la intención de que Estados Unidos acogiera unos Juegos Olímpicos. El movimiento olímpico debía de ampliar sus fronteras y explorar nuevos continentes. Los resultados deportivos de los deportistas norteamericanos en Atenas y París eran suficiente aval para trasladar el espíritu olímpico hasta una localidad estadounidense. Dos ciudades presentaron su candidatura: Chicago y Saint Louis. El Comité Olímpico Internacional se decantó por la primera debido a su jugosa oferta económica, que aseguraba unos ingresos cercanos a los 200.000 dólares. Sin embargo, Sant Louis no se dio por vencida, y con la excusa de que se conmemoraba el centenario de la cesión, por parte de Francia, de los territorios de Louisiana a los Estados Unidos, preparó una exposición universal y pidió organizar los Juegos. Pero el COI siguió mostrando sus preferencias por Chicago, debido a que estaba muy reciente el fracaso de París, donde coincidió la cita olímpica con la Exposición Universal. Saint Louis utilizó sus medios de presión y amenazó con montar unas pruebas paralelas. Por problemas de organización, Chicago pidió retrasar los Juegos hasta 1905 Al ir en contra de lo establecido por la Carta Olímpica y al contar Saint Louis con el apoyo del presidente norteamericano Theodore Roosevelt, finalmente fue ésta la sede de los Juegos. Dentro de las instalaciones olímpicas y como complemento a los Juegos, se organizaron una serie de jornadas paralelas al desarrollo de las pruebas y que recibieron el nombre de Días Antropológicos. Se trajeron a la ciudad estadounidense personas de distintas etnias exóticas, como pigmeos, indios cocopas o sioux, moros e igoratas de Filipinas, sirios... para exhibirles en pleno ejercicio de actividades deportivas propias de su país, o practicando deportes olímpicos. Éste fue sin duda uno de los hechos más lamentables en toda la historia de los Juegos, llegando a ser calificado por el propio barón de Coubertain como “un espectáculo bochornoso”. Tres norteamericanos compartieron el honor de lograr el mayor número de medallas. En gimnasia, Heida logró cinco oros (potro con arcos, barra fija, salto largo, combinado y sexatlón por equipos), y una plata (paralelas); Eyser consiguió 3 oros (sexatlón equipos, paralelas y subir cuerda de 25 pies), dos platas (salto largo y potro con arcos) y un bronce (barra fija). En ciclismo, Dowling se hizo con 2 oros (2 y 25 millas); 3 platas (cuarto, tercio y una milla) y un bronce (media milla).